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- A mi me parece la típica persona que se cree muy ingenioso y se pasa el rato haciendose el gracioso sin tener pizca de gracia...
- Uhmmmm... Ahora mismo me estoy preguntando en qué categoría me tienes catalogado a mí...
Porque, qué me diferencia a mí del resto de acomplejados inseguros con tendencia al tartamudeo que no pueden dejar de hablar para sentirse aceptados y se la pasan haciendo chistes sobre la papirofléxia?
Los pequeños detalles:
- Hola, mi nombre es T pero algunos de vosotros me conocereis como Boris, y en ocasiones cuento historias:
Yo estudié la escuela primaria, hace ya algunos años, en el colegio Luis Vives de Paterna. El colegio era un bloque de apartamentos con un patio interior, y la distribución de los cursos no seguía un orden lógico. Quiero decir que los cursos superiores no ocupaban los pisos superiores del edificio, sino que se iban entremezclando.
Recuerdo que cuando yo estaba en 3º curso, debía tener unos diez años, en el mísmo piso estaban el aula de mecanografía, la cocinita (donde las profesoras se preparaban el café) los servicios y 7º curso.
Recuerdo que una mañana estábamos dando clase de lengua con doña Amparo Cuñat cuando vi (vimos) salir corriendo hacia el lavabo a una chica de 7º. Lo que me llamó la atención fué que la chica estaba llorando, y aunque a ciertas edades las chicas lloran con bastante facilidad la escena a aquellas horas de la mañana no acababa de ser normal.
Lo que ocurrió después se convirtió en uno de los episodios más extraordinarios de mi adolescencia y sin duda acabó marcando mi caracter.
Detrás de la chica salió un compañero suyo de clase, Toni, y se planto corriendo enfrente de ella, cortándole el paso y, sin decir ni una palabra, le planto un beso en la boca a lo Harrison Ford... A mi me recordó la escena de E.T. donde Elliot, borracho como una cuba, coge, se sube a una silla y le da un beso de tornillo a Erika Eleniak. Sus compañeros, que se habían levantado detras de ellos y estaban observando desde la puerta, comenzaron a vitorearlos como descosidos, y nosotros, encantados con el espectáculo que se había organizado, a aplaudir con todas nuestras fuerzas...
Esto no le sentó nada bien a doña Amparo, solterona incurable y amargada que, movida claramente por la envidia (me juego el cuello que a ella nunca nadie le había dado un beso de pelicula delante de 60 personas, o personitas, y que habría cambiado sin pensarselo su plaza de funcionaria por que lo hicieran) se levantó hecha una furia, cogió a Toni del brazo, le cruzó la cara y le llamó (nunca se me olvidará) "harenero".
Nunca supe por qué lloraba la chica, ni por qué salió Toni detrás de ella, ni qué se le pasó por la cabeza para montar semejante número, ni la clase de castigo que (seguro) le impusieron, ni cómo acabó la historia después de la escenita... solo sé que él se fué al despacho de la directora con una sonrisa de anuncio de Colgate, con hostia y todo, y que desde aquel día y hasta hoy, dieciseis años después, ocupa un lugar de privilegio junto a Bogart entre los tipos más chulos a los que de verdad envidio.
Y aquí es cuando canibalizo a Golfo y digo aquello de que si yo fuese un principe árabe, un maharaja, un jeque, un emir... y tuviese un harén, tú serías mi favorita.
En fín, pequeños detalles.