Memorias de un niño gordo
- Nunca como en ningún sitio donde el camarero no sea gordo. Si no le gusta comer, si no es tripero, la comida será mala o las raciones pequeñas. Eso me recuerda un chiste de Woody Allen...
Mi abuela pasó una guerra. Yo no.
Se tiene que comer todo lo que hay en el plato, no por consideración o por educación, sino porque es lo que hay que hacer. Si no quieres tanto te pones menos, y si eres un invitado pues te jodes y te lo acabas todo, aunque sepa a pies, das las gracias y si es necesario después vas a purgarte al baño.
Cuando era niño comía en casa de mi abuela todos los días entre semana: cocido el lunes, sopa el martes, arroz el miercoles, lentejas el jueves y el viernes depende, a veces macarrones, a veces hervido, a veces paella de bacalao... y núnca habían sobras. Las llamabamos cena. O croquetas. La comida no se tira, es pecado (mi abuela también era muy católica). No es que fueramos especialmente pobres, es que ella había vivido en la posguerra y sabía lo que era pasar hambre.
Yo trataba de explicarle que no tenía hambre, que no quería más, y ella siempre me decía que pensara en los pobres niños que no tienen nada que comer... Yo me levantaba, iba a la cocina, abría la nevera repleta y le decía que ahogado, atropellado o de escorbuto puede, pero de hambre no me iba a morir... Y me guardaba las lentejas para el día siguiente.
Hoy mi nevera no está tan llena, y cuando salgo a comer por ahí nunca dejo nada en el plato. No es hambre ni gula, son principios.
Supongo que es más facil tener principios cuando no te machacan a diario, cuando estás lejos de los tuyos.
Tienes razón Yaya, me hace falta pasar mucha hambre. Te quiero mucho. Ojalá me hubiera comido los putos "rosegons".

