Hikikomori (los desaparecidos)
"-Su joven amigo -dijo Chamfort- no tiene ningún conocimiento del mundo, no sabe nada de nada.
-Sí -respondió Rivarol-, y ya está triste como si lo supiera todo".
Mientras que algunas personas padecen agorafobia, el hikikomori reacciona con un completo aislamiento social para evitar toda presión exterior. Suelen normalmente ser jóvenes japoneses, varones la mayoría, que se encierran en una habitación de la casa de sus padres durante periodos de tiempo prolongados, generalmente años. Sienten tristeza y apenas tienen amigos, y la gran mayoría duermen o se tumban a lo largo del día, y ven la televisión o se concentran en el ordenador durante la noche. En Japón les llaman también solteros parásitos. Aquellas máquinas solteras que inventara Duchamp se han hecho pues realidad. Se calcula que hay un hikikomori por cada diez jóvenes en Japón. En total, más de un millón de hikikomoris. Un índice muy alto de fantasmas tumbados, de ensimismados tristes, de muertos en vida (...)
ENRIQUE VILA-MATAS 'Hikikomori blues'
Los hikikomori renuncian a ir a la escuela, al trabajo y a tener responsabilidades. La forma más facil (y la más cómoda) de no fracasar es no arriesgarse, encerrarse y dejar pasar el tiempo con la certeza de que las cosas por lo menos a peor no pueden ir, aceptando el mal menor.
La falta de contacto social y el aislamiento prolongado produce en el hikikomori la perdida de habilidades y referentes sociales y morales, a menudo acompañados de depresiones y ambigüedad de sentimientos que les dificulta distinguir entre el bien y el mal, pudiendo llegar a provocar un comportamiento violento o delictivo.
Cuando el hikikomori decide finalmente regresar a la sociedad (generalmente por propia voluntad) se encuentra con que los años de aislamiento le han llevado a perder a sus amigos, sus habilidades sociales y años de estudio.
Para enfrentarnos a este problema podemos distinguir dos métodos, uno de la escuela oriental, muy zen, muy del palo de fluir con el problema, del "be water my friend", de que tiene que ser el propio hikikomori el que tiene que decidir voluntariamente salir del aislamiento y retomar su vida, y otro más de la escuela occidental, más americano, más "o te reintegras en la sociedad o te reintegro yo a ostias", que aboga por la acción directa, con GEOs y toda la pesca si es necesario.
Desde aquí proponemos un revolucionario método intermedio: Hablar. Aunque el tipo en cuestión no nos dé bola, hablar hasta taladrarle... Y si no funciona, si el tipo sigue ahí con cara de nada, con cara de japones, con la cara que pone Steven Seagal jugando al poker, siempre nos queda el recurso del Sargento Hartman de recuperarlo por nuestros santos cojones.
Recuerdo mi ultimo año de instituto. Y mi Selectividad. Mi imagen de la versión más piojosa de Jim Morrison en la ventanilla del tranvia. La farola con la pintada de "Maldita sea mi Suerte" (putos Suaves) El letrero premonitorio: Universidad: derecha, cementerio: izquierda... El primer día en informática, el primer examen al que no me presenté, el cambio a ADE... y un vacío claustrofóbico de diez años.
Pero mañana mismo salgo de casa para dirigirme al banco a pagar el seguro del coche.
"Cuando empecé a pasar las tardes en el cuarto de baño, no tenía previsto instalarme en él..." (Jean-Philippe Toussaint, La salle de bain).
Puto Canal Odisea. Puto Kiyoshi Kurosawa.

