martes, mayo 17, 2011

Indignaos

- ¿Y tú vas a ir a votar?
- Pues todavía no lo he pensado...

En realidad sí que voy a ir a votar. Aunque sea por lo mismo que fuí a ver Crepusculo, para cumplir el trámite que me permita cagarme en su puta madre si después resulta que hacen las cosas como el culo.

No puedo entender que para salir de una crisis economica se inyecte liquidez a los banqueros y empresarios, los mismos que la causaron. No puedo entender que se castigue a las clases más desfavorecidas, a los curritos y a las viudas. No puedo entender que todo esto lo haga un gobierno progresista, cargandose de golpe las conquistas sociales conseguidas en los últimos 150 años. No puedo creer que lo haga con tanta alegria. No puedo entender que el día que once tios en pantalones cortos se proclaman campeones del mundo de un juego con una pelotita salga un millón de personas a la calle, y en las circunstancias actuales, nada...
No puedo entender el "Si ya se que son unos corruptos, pero los otros también, y como me da lo mismo que me roben unos que otros...". No puedo creer que quien hace las cosas bien sea un pringao, y el que se forra sobornando, esclavizando a sus trabajadores, pagando en negro, sea un triunfador, y el que evade impuestos y se salta la legalidad sea considerado el más despierto y el más inteligente.
Me rompe las pelotas el que me hablen del copago sanitario, y el de la educación. ¿Para que coño sirven mis impuestos, y la subida del IVA del 12 al 18%, y el cobro del céntimo sanitario en los hidrocarburos. En el estado del bienestar una sociedad está evolucionada cuando la sanidad y la educacíon son gratuitas y universales, y para mí (y teniendo en cuenta el envejecimiento y la baja natalidad de la población la sociedad debería plantearse si para ella también) esto da una mejor impresión que la Formula 1, la Copa America, la visita del Papa y Terra Mitica juntas...

Hoy, mientras en la plaza de toros se celebra el mitin central de uno de los partidos mayoritarios 300 personas acampan frente al Ayuntamiento en demanda de una "Democracia Real Ya".

Hay motivo.


Por una insurrección pacífica

He constatado, y no soy el único, la reacción del gobierno israelí ante el hecho de que cada viernes los ciudadanos de Bil”id van, sin arrojar piedras, sin utilizar la fuerza, hasta el muro contra el cual protestan. Las autoridades israelíes han calificado esta marcha de “terrorismo no-violento”. No está mal… Hay que ser israelí para calificar de terrorista a la no-violencia. Hay que estar molesto por la eficacia que tiene la no-violencia para suscitar el apoyo, la comprensión y el sostén de todos los adversarios de la opresión.
El pensamiento productivista, sostenido por Occidente, ha metido al mundo en una crisis de la que hay que salir rompiendo radicalmente con la huída hacia adelante del “siempre más”, tanto en el dominio financiero como en el dominio de las ciencias y de la técnica. Ya es hora de que la preocupación por la ética, la justicia y la estabilidad duradera sea lo que prevalezca. Pues nos amenazan los riesgos más graves; riesgos que pueden poner fin a la aventura humana sobre un planeta que puede volverse inhabitable.
Pero es verdad que se han hecho importantes progresos desde1948: la descolonización, el fin del apartheid, la destrucción del imperio soviético, la caída del Muro de Berlín. Por el contrario, los diez primeros años del siglo XXI han supuesto un periodo de retroceso. Este retroceso, yo lo achaco, en parte, a la presidencia americana de George Bush, al 11 de septiembre y a las consecuencias desastrosas que de él han sacado los Estados Unidos, como la intervención militar en Irak. Hemos tenido esta crisis económica, pero tampoco hemos comenzado una nueva política de desarrollo. La cumbre de Copenhague contra el calentamiento climático no ha permitido establecer una verdadera política para la preservación del planeta. Estamos en un umbral, entre los horrores de la primera década y las posibilidades de las décadas siguientes. Pero hay que esperar, siempre hay que esperar. La
década anterior, la de los años 1990, fue una fuente de grandes progresos. Las Naciones Unidas convocaron conferencias como las de Rio sobre el medio ambiente, en 1992; la de Pekín sobre las mujeres, en 1995; en septiembre de 2000, a iniciativa del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, los 191 países miembros adoptaron la declaración sobre los “Ocho objetivos del milenio para el desarrollo”, por la cual se comprometen a reducir a la mitad la pobreza en el mundo de aquí a 2015. Mi gran pesar, es que ni Obama ni la Unión Europea hayan manifestado aún lo que debería ser su aportación para una fase constructiva que se apoye en los valores fundamentales.
¿Cómo terminar esta llamada a indignarse? Recordando que, con ocasión del sexagésimo aniversario del Programa del Consejo nacional de la Resistencia, dijimos, el 8 de marzo de 2004, nosotros, los veteranos de los movimientos de Resistencia y de las fuerzas combativas de la Francia libre (1940-1945), que, desde luego, “el nazismo ha sido vencido gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y de las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido por completo, y nuestra cólera contra la injusticia permanece intacta”vi.
No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Por eso, hagamos siempre un llamamiento a “una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen como horizonte para nuestra juventud más que el consumismo de masas, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos”.
A los hombres y mujeres que harán el siglo XXI, les decimos con nuestra afección:

“CREAR ES RESISTIR,
RESISTIR ES CREAR”.


Indignaos (Indignez-vous)
Stéphane Hessel